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Abuso Sexual Infantil

El "Backlash" y el Abuso Sexual Infantil

Reacci?n negativa y violenta contra profesionales que trabajan en el campo de la Protecci?n de la Infancia

Virginia Berlinerblau
M?dica Especialista en Psiquiatr?a Infanto Juvenil
M?dica Especialista en Medicina Legal
M?dica Forense de la Justicia Nacional
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Resumen

En la Argentina, a fines de la d?cada de los '90, la protecci?n de los ni?os comenz? a ser cuestionada, luego de un per?odo casi exclusivamente favorable de reconocimiento del Abuso Sexual Infantil (A.S.I.) en la comunidad como un problema com?n de la infancia. A trav?s de amplias campa?as, padres que han sido alejados de sus hijos por causas judiciales en algunos casos por denuncias de incesto paterno filial, con el apoyo de algunos abogados y supuestos "testigos expertos", han desplegado una fuerte ofensiva para desprestigiar a profesionales que trabajan en la tem?tica, invalidar las denuncias en su contra y finalmente, desmantelar los servicios p?blicos que brindan atenci?n a las v?ctimas. La reacci?n negativa violenta o backlash, ha surgido en la Argentina como un fuerte movimiento de oposici?n contra los profesionales que trabajan en Maltrato de Ni?os, poniendo en riesgo la protecci?n infantil.

Palabras clave: abuso sexual infantil, backlash, falsas denuncias, prejuicios de g?nero, testigo experto.

 

 

Introducci?n

En la sociedad occidental hay una larga tradici?n de descreimiento hacia las mujeres. Esta tradici?n de se extiende hacia los ni?os, hacia sus hijos. La negaci?n del incesto fue bastante exitosa hasta recientemente, fuera de la vista, fuera de la mente, pero el problema no desapareci?. Diversos autores han se?alado que el abuso sexual de ni?os ha surgido repetidamente en la conciencia p?blica y profesional en la centuria y media pasada, s?lo para ser resuprimida por la reacci?n negativa o backlash que desencadena, que pone al descubierto. Seg?n la definici?n que brinda el Webster's Ninth New Collegiate Dictionary, 1985, el backlash es "la reacci?n adversa poderosa ante un movimiento social o pol?tico".

Como observa Finkelhor al referirse al backlash1 "tales desarrollos no son impredecibles ni novedosos. Los soci?logos hace tiempo han se?alado que los movimientos sociales generan oposiciones, generan backlash. Todos los movimientos parecen circular a trav?s de ciertos ciclos predecibles de atenci?n y controversia. Tienen una "historia natural". Comienzan con la competencia por la atenci?n p?blica, como cientos de asuntos sociales potenciales, con s?lo algunos de ellos emergiendo exitosamente a la escena p?blica. Entonces, el inter?s crece, las definiciones de los problemas cambian, las opiniones a favor y en contra van y vienen, las coaliciones se rompen, la atenci?n decae, y eventualmente surgen otros problemas en el frente. Hay muchos patrones esperables en estos cambios.

Mauss1 contribuye a entender lo que genera socialmente en la conciencia p?blica la emergencia de un movimiento social por un tema determinado, -como lo es el movimiento social alrededor del abuso sexual infantil-. En 1975 estableci? el primer principio del an?lisis social de los problemas: "los problemas sociales deben ser entendidos como productos de movimientos sociales ? declaraciones y reflexiones de conflictos psicol?gicos y esfuerzos compartidos por sectores de la sociedad y proyectados en algunas actividades y objetivos particulares. (?) las movilizaciones por problemas sociales no duran para siempre. Algunas veces mueren, y algunas veces ceden al olvido". Los movimientos por problemas sociales, sigue diciendo Finkelhor, a?n los que han sido exitosos, enfrentan resistencias, usualmente de dos tipos: oposicionales e inerciales. La forma oposicional consiste en grupos organizados de oposici?n. La oposici?n inercial es tambi?n muy real, pero m?s difusa: consiste en obst?culos burocr?ticos y demoras, falta de fondos, la presi?n de otros problemas sociales que compiten y la apat?a y el aburrimiento del p?blico. En la forma de resistencia oposicionista, es v?lido hacer una distinci?n mayor. Esto es entre los verdaderos intereses opuestos organizados, por una parte, y lo que ha sido denominado como contramovimientos o represalias, por la otra"; Por ejemplo grupos ecologistas contra la contaminaci?n industrial, grupos de lucha contra el c?ncer contra la industria del tabaco, etc. Sigue diciendo Finkhelor "En contraste, un contramovimiento es una oposici?n que se desarrolla en respuesta o como reacci?n al ?xito de otro movimiento social. No existe todav?a, se desarrolla despu?s. Lo que llamamos el backlash del abuso sexual es tambi?n un contramovimiento".

El backlash incluye a progenitores de los que se sospech? y sienten que sus reputaciones han sido comprometidas. Algunos est?n muy enojados y da?ados (algunas veces con buenos motivos). Estos son profesionales y han provisto las energ?as principales detr?s de grupos de padres, haciendo lobby en las legislaturas para que aprueben leyes que protejan a los progenitores y restrinjan a los servicios de protecci?n y asistencia de la infancia. Adem?s, los grupos de progenitores agraviados incluyen algunos tales como padres divorciados, -que nunca sufrieron investigaciones ni fueron objetos de sospechas-, pero al haber experimentado conflictos familiares devastadores, se sienten vulnerables a ellos.

El segundo gran grupo involucrado en el backlash son los abogados y algunos "testigos expertos". Cuando las sospechas de A.S.I. llegaron a la clase media, m?s y m?s abogados en a?os recientes se encontraron defendiendo a gente pudiente acusada de abuso de ni?os. Como resultado, ha devenido un campo de trabajo m?s especializado y definido. Una red de abogados experimentados ha reunido un cuerpo de literatura, argumentos estandarizados y razonamientos en los que basan la defensa, y un grupo de expertos y partidarios que pueden ser tenidos en cuenta para construir estos razonamientos. Estos razonamientos incluyen la idea de que los trabajadores del ?rea de la protecci?n infantil obran con celo excesivo al identificar el abuso, que los ni?os pueden ser manipulados para efectuar o consentir denuncias falsas, que una especie de mentalidad de caza de brujas e histeria sobre abuso sexual ciega a los profesionales, y as? sucesivamente. Los abogados han reconocido con acierto que, para ganar las defensas de los casos de abuso de ni?os ayuda, si sus argumentos tienen mayor legitimidad entre el p?blico, entre los jueces, y entre la comunidad profesional. Entonces han sido activos en hacer p?blicos estos argumentos y han provisto de soporte financiero a otros individuos activos en el backlash. Algunos profesionales disienten con la ideolog?a que circunda del abuso sexual y algunos quiz?s han optado de manera oportunista por la ganancia financiera y notoriedad cobrada como "testigos expertos".

Es importante distinguir entre las cr?ticas leg?timas de las ileg?timas. Las cr?ticas juegan un rol importante al poner en evidencia la incompetencia y la burocracia. El criticismo ileg?timo distorsiona o exagera seriamente las faltas del sistema. Inclusive, dentro del criticismo ileg?timo pueden delimitarse una distinci?n mayor: entre cr?ticas honestas aunque erradas por un lado y lo que puede ser llamado criticismo maligno, por el otro. Las motivaciones de cada una son claramente distintas en unas y otras. En las investigaciones por denuncias de abuso sexual infantil, es saludable una cierta dosis de escepticismo al encarar el proceso diagn?stico. El escepticismo excesivo puede resultar destructivo.

El backlash en Abuso Sexual Infantil comenz? en la d?cada de los '80 en pa?ses del primer mundo tales como Canad?, Estados Unidos y El Reino Unido. En la Argentina, el backlash tuvo en el 2000 un fuerte impulso con el art?culo del ex juez Eduardo C?rdenas publicado en el diario jur?dico La Ley3. C?rdenas, abogado con gran influencia en Tribunales, habl? de la existencia de una verdadera industria de denuncias de abuso sexual, promovidas con el fin de aislar al hijo del otro progenitor". Sin embargo su escrito parece ser una "pantalla" para atacar a determinados profesionales que le molestan, tras una supuesta defensa de la unidad familiar. Despliega una furibunda diatriba, atacando la credibilidad de quienes trabajan en instituciones p?blicas, adem?s con informaci?n falsa. El art?culo de C?rdenas gener? un en?rgico repudio a nivel local y nacional por parte de profesionales e instituciones p?blicas que trabajan en la tem?tica de la Violencia Familiar.

En marzo de 2001, en una carta dirigida a la subsecretaria de Derechos Humanos, firmada por casi un centenar de profesionales de todo el pa?s de instituciones p?blicas y privadas, se advierte sobre una "escalada que pone obst?culos al proceso de visualizaci?n de la violencia dom?stica". En nuestro pa?s, la justicia comenz? a recibir crecientes denuncias de Violencia Familiar. Se incluyeron delitos que tradicionalmente hab?an permanecido ocultos: violaci?n marital y abuso sexual infantil; se comenz? a trabajar con familias violentas caracterizadas por el abuso f?sico, psicol?gico y financiero. Se fundaron servicios asistenciales y se inauguraron centros especializados. La Universidad abri? sus puertas al tema. Organismos no gubernamentales y diversas congregaciones religiosas destinaron sus afanes para dar respuesta a un problema complejo y espec?fico. Mientras el problema estuvo referido a sectores marginales o de clases bajas, las denuncias progresaron vertiginosamente. Cuando empez? a circular la sospecha de que la Violencia Familiar era una problem?tica que atravesaba a todas las clases sociales, la tendencia de este proceso cambi? radicalmente. Se dispar? una reacci?n (backlash), disfrazada de buenas intenciones, para poner l?mites a los profesionales a los que se tild? de "abusadores de denuncias de abuso sexual infantil" . La reacci?n negativa y violenta que tambi?n se produjo en los pa?ses centrales (Estados Unidos, el Reino Unido y Canad?) cuando desnaturalizaron este tipo de abusos. Este brutal ataque tiende a: "desarticular los logros conseguidos y a eliminar y disuadir a quienes lo sostienen, llevar al campo de la disputa ideol?gica un problema que es te?rico y pol?tico, y que atraviesa a los discursos jur?dico y psicosocial, a la ?tica y a la sociedad en su conjunto, desmantelar los servicios asistenciales abiertos para estos fines, condenarlos a una existencia encapsulada o reducirlos a su m?nima expresi?n. Con ello se pretende: Invalidar las denuncias; Convertir en sospechoso a todo denunciante de maltrato; Diluir los l?mites que separan a v?ctimas de victimarios; Confundir la cuesti?n incorporando los escasos casos de violencia contra varones (ni?os/adultos) ejercida por mujeres. En s?ntesis se intenta invertir el sentido de la conducta abusiva al atribu?rsela a quien denuncia o protege, buscando reforzar la violencia vigente y condenar a perpetuidad a todo ni?o que sufre, a la vez que pretende llevar a la impotencia a los profesionales que hasta ahora, llevan en bastante soledad la pesada carga de sostener la protecci?n de las v?ctimas, con escaso o inadecuado apoyo institucional (?)." La problem?tica fue reflejada tambi?n en un art?culo del matutino P?gina/12, de fines de 2000 al denunciar "Acciones contra expertos en Violencia Familiar: una campa?a que es un abuso"2.

La literatura del backlash en nuestro pa?s tambi?n se apoya, en los escritos de Richard Gardner, uno de los cr?ticos m?s ac?rrimos del sistema de protecci?n de la infancia en los Estados Unidos. Desafortunadamente, sus escritos carecen de balance y de objetividad, siendo por ello cuestionados gran parte de la comunidad cient?fica.

Gardner4 describi? en 1987 lo que llam? el "s?ndrome de alienaci?n parental", diciendo que ocurre en casos donde se disputa la tenencia de los ni?os en juzgados de familia: "Una consecuencia de esta batalla fue el desarrollo en el ni?o de lo que yo refiere como el s?ndrome de alienaci?n parental. T?picamente, el ni?o difama viciosamente uno de los padres e idealiza al otro. Esto no est? causado solamente por el lavado de cerebro parental del ni?o. M?s bien los ni?os mismos contribuyen con sus propios escenarios a sostener al padre favorecido. Mi experiencia ha sido que en alrededor del 80 a 90% de los casos, la madre es el progenitor favorecido y el padre el vilipendiado". Es importante se?alar, que el "s?ndrome de alienaci?n parental" no ha sido sujeto de estudios emp?ricos ni ha sido publicado en revistas cient?ficas o m?dicas para la revisi?n de los colegas. El s?ndrome es poco m?s que las opiniones de Richard Gardner, basadas en su experiencia cl?nica.

Pero el tema principal es que, claramente, el "s?ndrome de alienaci?n parental" no est? aceptado como un modo confiable cient?ficamente de determinar si una denuncia de abuso sexual es verdadera o falsa. M?s a?n, muchos de los escritos de Gardner, incluyendo su discusi?n de su "s?ndrome de alienaci?n parental" est? sesgado contra las mujeres. El prejuicio de g?nero infecta el s?ndrome y lo torna un arma poderosa para minar la credibilidad de las mujeres que denuncian abuso sexual infantil. Este prejuicio se extiende hacia las profesionales mujeres que trabajan en el campo de protecci?n de la infancia. Como consecuencia, el "s?ndrome de alienaci?n parental" perpet?a y exacerba los prejuicios de g?nero contra las mujeres.

A menudo, el p?blico y algunos profesionales son confundidos por la publicidad medi?tica y art?culos publicados en revistas, aparentemente cient?ficos, pero que en realidad, son opiniones prejuiciosas o el resultado del exceso al generalizar los resultados de las investigaciones en el tema. La desinformaci?n (mala informaci?n) es una t?ctica com?n usada para defender gente que ha cometido cr?menes. La literatura distorsionada del backlash inflige un da?o tremendo al sistema de protecci?n de la infancia y, finalmente, a los ni?os.

S. Penfold (1995) se?ala10: "?En qu? medida los estereotipos y mitos acerca de la conducta masculina y femenina contribuyen a las controversias por denuncias falsas, y a la enorme variaci?n en las opiniones de los expertos?. Son los 'padres desviados' pensados como sufriendo de impulsos biol?gicos irresistibles que los lleva a abusar de sus ni?os? ?Son las 'madres mentirosas' consideradas arquetipos de mujeres malas, destructivas, vengativas y enga?osas?" Algunos abogados y peritos sostienen que virtualmente todas las denuncias de abuso sexual en el contexto de una disputa por la custodia de un ni?o son falsas, invocando el ubicuo "s?ndrome de alienaci?n parental". Todos nosotros tenemos nociones preconcebidas y estereotipadas acerca de cuestiones legales de familia por nuestras experiencias personales de vida. Muchos factores pueden influir la opini?n de los expertos incluyendo el prejuicio de g?nero, la sobreidentificaci?n con el ni?o, la ingenuidad acerca de la veracidad de las diferentes partes involucradas y creencias err?neas acerca de la naturaleza cient?fica de los marcos y tests de diagn?stico. Sorprendente en ese sentido es mi propia experiencia de haber sido acusada en ?mbitos legales de "prejuicios feministas" por personas que obviamente pensaron que no pod?a existir la posibilidad de otra suerte de prejuicio.

Los que trabajamos en el medio judicial sabemos que, en algunas batallas por la tenencia, un progenitor intenta predisponer al ni?o contra el otro progenitor. El ni?o deviene un objeto en la pelea. Tal conducta es altamente perjudicial para el ni?o. Las batallas por la tenencia algunas veces hacen emerger lo peor de la gente. Como se?ala S. Hewitt5: "En los casos en los que hay una animosidad entre progenitores que est?n en proceso de divorcio y cuando emergen denuncias de abuso, la tensi?n entre los padres puede ser intensa. El progenitor que tiene la tenencia del ni?o puede devenir muy resistente a cualquier forma de contacto entre el ni?o y el/la ex c?nyuge. Sus acciones pueden emanar del conocimiento ?ntimo del supuesto perpetrador y el miedo de sus acciones, especialmente si ha habido una historia de violencia dom?stica o de abuso de drogas. Estas acciones pueden ser tambi?n alimentadas por miedos provenientes de historias personales irresueltas de abuso, intensa aversi?n o enojo hacia el/la ex c?nyuge, o de un interrogatorio impropio que ha resultado en denuncias que no pueden ser sustanciadas. A pesar de atravesar la investigaci?n, el progenitor que detenta la tenencia puede todav?a mantener una creencia inamovible de que el abuso ha ocurrido".

Ya se?al? con anterioridad6 que, en mi experiencia, "en disputas por r?gimen de visitas y/o por la custodia, puede observarse a ni?os y hasta adolescentes que expresan marcado rechazo a relacionarse con uno de los progenitores. Con demasiada frecuencia, suele argumentarse que es por simple inducci?n de uno de los padres. Creo fundamental enfatizar que el hecho de que los ni?os sean influenciados por los adultos que los cuidan no los convierte en ventr?locuos. Una cuesti?n es decir que los ni?os aprenden la lengua materna y muy otra es afirmar que el ni?o es un mero objeto repetidor de las expresiones parentales. (?) Casos particularmente problem?ticos para los operadores judiciales son aquellos en que los ni?os presentan rechazo o temor aparentemente 'inexplicables' hacia uno de los progenitores. Frente a lo desconocido o lo ignorado surgen los mitos y prejuicios. Especialmente si el padre es de nivel sociocultural medio o alto, o los padres est?n atravesando un divorcio conflictivo, o hay incesto, abuso emocional o abandono. Como dijera m?s arriba, el mito del padre inductor es la explicaci?n m?s corriente cuando hay denuncias de incesto, abandono o abuso emocional infantil no comprobadas judicialmente. Aqu? suelen ser catalogadas de 'falsas denuncias', sin discriminarse denuncias falsas 'intencionales' (invento) de aquellas denuncias infundadas o no sustanciadas (el nivel de evidencia no alcanz? para llevarlas a juicio)".

Mi experiencia personal al evaluar sospechas de A.S.I. por orden judicial en el Cuerpo M?dico Forense mediante el examen psiqui?trico -que incluye la entrevista investigativa forense- proveen los siguientes datos estad?sticos en una muestra de 315 casos de ni?os y ni?as entre 2 y 18 a?os de edad, entre 1994 y 2000.