A.S.I. NO
Abuso Sexual Infantil NO

El "Backlash" y el Abuso Sexual Infantil

Reacci?n negativa y violenta contra profesionales que trabajan en el campo de la Protecci?n de la Infancia

Virginia Berlinerblau
M?dica Especialista en Psiquiatr?a Infanto Juvenil
M?dica Especialista en Medicina Legal
M?dica Forense de la Justicia Nacional
vircont@uolsinectis.com.ar

Resumen

En la Argentina, a fines de la d?cada de los '90, la protecci?n de los ni?os comenz? a ser cuestionada, luego de un per?odo casi exclusivamente favorable de reconocimiento del Abuso Sexual Infantil (A.S.I.) en la comunidad como un problema com?n de la infancia. A trav?s de amplias campa?as, padres que han sido alejados de sus hijos por causas judiciales en algunos casos por denuncias de incesto paterno filial, con el apoyo de algunos abogados y supuestos "testigos expertos", han desplegado una fuerte ofensiva para desprestigiar a profesionales que trabajan en la tem?tica, invalidar las denuncias en su contra y finalmente, desmantelar los servicios p?blicos que brindan atenci?n a las v?ctimas. La reacci?n negativa violenta o backlash, ha surgido en la Argentina como un fuerte movimiento de oposici?n contra los profesionales que trabajan en Maltrato de Ni?os, poniendo en riesgo la protecci?n infantil.

Palabras clave: abuso sexual infantil, backlash, falsas denuncias, prejuicios de g?nero, testigo experto.

Introducci?n

En la sociedad occidental hay una larga tradici?n de descreimiento hacia las mujeres. Esta tradici?n de se extiende hacia los ni?os, hacia sus hijos. La negaci?n del incesto fue bastante exitosa hasta recientemente, fuera de la vista, fuera de la mente, pero el problema no desapareci?. Diversos autores han se?alado que el abuso sexual de ni?os ha surgido repetidamente en la conciencia p?blica y profesional en la centuria y media pasada, s?lo para ser resuprimida por la reacci?n negativa o backlash que desencadena, que pone al descubierto. Seg?n la definici?n que brinda el Webster's Ninth New Collegiate Dictionary, 1985, el backlash es "la reacci?n adversa poderosa ante un movimiento social o pol?tico".

Como observa Finkelhor al referirse al backlash1 "tales desarrollos no son impredecibles ni novedosos. Los soci?logos hace tiempo han se?alado que los movimientos sociales generan oposiciones, generan backlash. Todos los movimientos parecen circular a trav?s de ciertos ciclos predecibles de atenci?n y controversia. Tienen una "historia natural". Comienzan con la competencia por la atenci?n p?blica, como cientos de asuntos sociales potenciales, con s?lo algunos de ellos emergiendo exitosamente a la escena p?blica. Entonces, el inter?s crece, las definiciones de los problemas cambian, las opiniones a favor y en contra van y vienen, las coaliciones se rompen, la atenci?n decae, y eventualmente surgen otros problemas en el frente. Hay muchos patrones esperables en estos cambios.

Mauss1 contribuye a entender lo que genera socialmente en la conciencia p?blica la emergencia de un movimiento social por un tema determinado, -como lo es el movimiento social alrededor del abuso sexual infantil-. En 1975 estableci? el primer principio del an?lisis social de los problemas: "los problemas sociales deben ser entendidos como productos de movimientos sociales ? declaraciones y reflexiones de conflictos psicol?gicos y esfuerzos compartidos por sectores de la sociedad y proyectados en algunas actividades y objetivos particulares. (?) las movilizaciones por problemas sociales no duran para siempre. Algunas veces mueren, y algunas veces ceden al olvido". Los movimientos por problemas sociales, sigue diciendo Finkelhor, a?n los que han sido exitosos, enfrentan resistencias, usualmente de dos tipos: oposicionales e inerciales. La forma oposicional consiste en grupos organizados de oposici?n. La oposici?n inercial es tambi?n muy real, pero m?s difusa: consiste en obst?culos burocr?ticos y demoras, falta de fondos, la presi?n de otros problemas sociales que compiten y la apat?a y el aburrimiento del p?blico. En la forma de resistencia oposicionista, es v?lido hacer una distinci?n mayor. Esto es entre los verdaderos intereses opuestos organizados, por una parte, y lo que ha sido denominado como contramovimientos o represalias, por la otra"; Por ejemplo grupos ecologistas contra la contaminaci?n industrial, grupos de lucha contra el c?ncer contra la industria del tabaco, etc. Sigue diciendo Finkhelor "En contraste, un contramovimiento es una oposici?n que se desarrolla en respuesta o como reacci?n al ?xito de otro movimiento social. No existe todav?a, se desarrolla despu?s. Lo que llamamos el backlash del abuso sexual es tambi?n un contramovimiento".

El backlash incluye a progenitores de los que se sospech? y sienten que sus reputaciones han sido comprometidas. Algunos est?n muy enojados y da?ados (algunas veces con buenos motivos). Estos son profesionales y han provisto las energ?as principales detr?s de grupos de padres, haciendo lobby en las legislaturas para que aprueben leyes que protejan a los progenitores y restrinjan a los servicios de protecci?n y asistencia de la infancia. Adem?s, los grupos de progenitores agraviados incluyen algunos tales como padres divorciados, -que nunca sufrieron investigaciones ni fueron objetos de sospechas-, pero al haber experimentado conflictos familiares devastadores, se sienten vulnerables a ellos.

El segundo gran grupo involucrado en el backlash son los abogados y algunos "testigos expertos". Cuando las sospechas de A.S.I. llegaron a la clase media, m?s y m?s abogados en a?os recientes se encontraron defendiendo a gente pudiente acusada de abuso de ni?os. Como resultado, ha devenido un campo de trabajo m?s especializado y definido. Una red de abogados experimentados ha reunido un cuerpo de literatura, argumentos estandarizados y razonamientos en los que basan la defensa, y un grupo de expertos y partidarios que pueden ser tenidos en cuenta para construir estos razonamientos. Estos razonamientos incluyen la idea de que los trabajadores del ?rea de la protecci?n infantil obran con celo excesivo al identificar el abuso, que los ni?os pueden ser manipulados para efectuar o consentir denuncias falsas, que una especie de mentalidad de caza de brujas e histeria sobre abuso sexual ciega a los profesionales, y as? sucesivamente. Los abogados han reconocido con acierto que, para ganar las defensas de los casos de abuso de ni?os ayuda, si sus argumentos tienen mayor legitimidad entre el p?blico, entre los jueces, y entre la comunidad profesional. Entonces han sido activos en hacer p?blicos estos argumentos y han provisto de soporte financiero a otros individuos activos en el backlash. Algunos profesionales disienten con la ideolog?a que circunda del abuso sexual y algunos quiz?s han optado de manera oportunista por la ganancia financiera y notoriedad cobrada como "testigos expertos".

Es importante distinguir entre las cr?ticas leg?timas de las ileg?timas. Las cr?ticas juegan un rol importante al poner en evidencia la incompetencia y la burocracia. El criticismo ileg?timo distorsiona o exagera seriamente las faltas del sistema. Inclusive, dentro del criticismo ileg?timo pueden delimitarse una distinci?n mayor: entre cr?ticas honestas aunque erradas por un lado y lo que puede ser llamado criticismo maligno, por el otro. Las motivaciones de cada una son claramente distintas en unas y otras. En las investigaciones por denuncias de abuso sexual infantil, es saludable una cierta dosis de escepticismo al encarar el proceso diagn?stico. El escepticismo excesivo puede resultar destructivo.

El backlash en Abuso Sexual Infantil comenz? en la d?cada de los '80 en pa?ses del primer mundo tales como Canad?, Estados Unidos y El Reino Unido. En la Argentina, el backlash tuvo en el 2000 un fuerte impulso con el art?culo del ex juez Eduardo C?rdenas publicado en el diario jur?dico La Ley3. C?rdenas, abogado con gran influencia en Tribunales, habl? de la existencia de una verdadera industria de denuncias de abuso sexual, promovidas con el fin de aislar al hijo del otro progenitor". Sin embargo su escrito parece ser una "pantalla" para atacar a determinados profesionales que le molestan, tras una supuesta defensa de la unidad familiar. Despliega una furibunda diatriba, atacando la credibilidad de quienes trabajan en instituciones p?blicas, adem?s con informaci?n falsa. El art?culo de C?rdenas gener? un en?rgico repudio a nivel local y nacional por parte de profesionales e instituciones p?blicas que trabajan en la tem?tica de la Violencia Familiar.

En marzo de 2001, en una carta dirigida a la subsecretaria de Derechos Humanos, firmada por casi un centenar de profesionales de todo el pa?s de instituciones p?blicas y privadas, se advierte sobre una "escalada que pone obst?culos al proceso de visualizaci?n de la violencia dom?stica". En nuestro pa?s, la justicia comenz? a recibir crecientes denuncias de Violencia Familiar. Se incluyeron delitos que tradicionalmente hab?an permanecido ocultos: violaci?n marital y abuso sexual infantil; se comenz? a trabajar con familias violentas caracterizadas por el abuso f?sico, psicol?gico y financiero. Se fundaron servicios asistenciales y se inauguraron centros especializados. La Universidad abri? sus puertas al tema. Organismos no gubernamentales y diversas congregaciones religiosas destinaron sus afanes para dar respuesta a un problema complejo y espec?fico. Mientras el problema estuvo referido a sectores marginales o de clases bajas, las denuncias progresaron vertiginosamente. Cuando empez? a circular la sospecha de que la Violencia Familiar era una problem?tica que atravesaba a todas las clases sociales, la tendencia de este proceso cambi? radicalmente. Se dispar? una reacci?n (backlash), disfrazada de buenas intenciones, para poner l?mites a los profesionales a los que se tild? de "abusadores de denuncias de abuso sexual infantil" . La reacci?n negativa y violenta que tambi?n se produjo en los pa?ses centrales (Estados Unidos, el Reino Unido y Canad?) cuando desnaturalizaron este tipo de abusos. Este brutal ataque tiende a: "desarticular los logros conseguidos y a eliminar y disuadir a quienes lo sostienen, llevar al campo de la disputa ideol?gica un problema que es te?rico y pol?tico, y que atraviesa a los discursos jur?dico y psicosocial, a la ?tica y a la sociedad en su conjunto, desmantelar los servicios asistenciales abiertos para estos fines, condenarlos a una existencia encapsulada o reducirlos a su m?nima expresi?n. Con ello se pretende: Invalidar las denuncias; Convertir en sospechoso a todo denunciante de maltrato; Diluir los l?mites que separan a v?ctimas de victimarios; Confundir la cuesti?n incorporando los escasos casos de violencia contra varones (ni?os/adultos) ejercida por mujeres. En s?ntesis se intenta invertir el sentido de la conducta abusiva al atribu?rsela a quien denuncia o protege, buscando reforzar la violencia vigente y condenar a perpetuidad a todo ni?o que sufre, a la vez que pretende llevar a la impotencia a los profesionales que hasta ahora, llevan en bastante soledad la pesada carga de sostener la protecci?n de las v?ctimas, con escaso o inadecuado apoyo institucional (?)." La problem?tica fue reflejada tambi?n en un art?culo del matutino P?gina/12, de fines de 2000 al denunciar "Acciones contra expertos en Violencia Familiar: una campa?a que es un abuso"2.

La literatura del backlash en nuestro pa?s tambi?n se apoya, en los escritos de Richard Gardner, uno de los cr?ticos m?s ac?rrimos del sistema de protecci?n de la infancia en los Estados Unidos. Desafortunadamente, sus escritos carecen de balance y de objetividad, siendo por ello cuestionados gran parte de la comunidad cient?fica.

Gardner4 describi? en 1987 lo que llam? el "s?ndrome de alienaci?n parental", diciendo que ocurre en casos donde se disputa la tenencia de los ni?os en juzgados de familia: "Una consecuencia de esta batalla fue el desarrollo en el ni?o de lo que yo refiere como el s?ndrome de alienaci?n parental. T?picamente, el ni?o difama viciosamente uno de los padres e idealiza al otro. Esto no est? causado solamente por el lavado de cerebro parental del ni?o. M?s bien los ni?os mismos contribuyen con sus propios escenarios a sostener al padre favorecido. Mi experiencia ha sido que en alrededor del 80 a 90% de los casos, la madre es el progenitor favorecido y el padre el vilipendiado". Es importante se?alar, que el "s?ndrome de alienaci?n parental" no ha sido sujeto de estudios emp?ricos ni ha sido publicado en revistas cient?ficas o m?dicas para la revisi?n de los colegas. El s?ndrome es poco m?s que las opiniones de Richard Gardner, basadas en su experiencia cl?nica.

Pero el tema principal es que, claramente, el "s?ndrome de alienaci?n parental" no est? aceptado como un modo confiable cient?ficamente de determinar si una denuncia de abuso sexual es verdadera o falsa. M?s a?n, muchos de los escritos de Gardner, incluyendo su discusi?n de su "s?ndrome de alienaci?n parental" est? sesgado contra las mujeres. El prejuicio de g?nero infecta el s?ndrome y lo torna un arma poderosa para minar la credibilidad de las mujeres que denuncian abuso sexual infantil. Este prejuicio se extiende hacia las profesionales mujeres que trabajan en el campo de protecci?n de la infancia. Como consecuencia, el "s?ndrome de alienaci?n parental" perpet?a y exacerba los prejuicios de g?nero contra las mujeres.

A menudo, el p?blico y algunos profesionales son confundidos por la publicidad medi?tica y art?culos publicados en revistas, aparentemente cient?ficos, pero que en realidad, son opiniones prejuiciosas o el resultado del exceso al generalizar los resultados de las investigaciones en el tema. La desinformaci?n (mala informaci?n) es una t?ctica com?n usada para defender gente que ha cometido cr?menes. La literatura distorsionada del backlash inflige un da?o tremendo al sistema de protecci?n de la infancia y, finalmente, a los ni?os.

S. Penfold (1995) se?ala10: "?En qu? medida los estereotipos y mitos acerca de la conducta masculina y femenina contribuyen a las controversias por denuncias falsas, y a la enorme variaci?n en las opiniones de los expertos?. Son los 'padres desviados' pensados como sufriendo de impulsos biol?gicos irresistibles que los lleva a abusar de sus ni?os? ?Son las 'madres mentirosas' consideradas arquetipos de mujeres malas, destructivas, vengativas y enga?osas?" Algunos abogados y peritos sostienen que virtualmente todas las denuncias de abuso sexual en el contexto de una disputa por la custodia de un ni?o son falsas, invocando el ubicuo "s?ndrome de alienaci?n parental". Todos nosotros tenemos nociones preconcebidas y estereotipadas acerca de cuestiones legales de familia por nuestras experiencias personales de vida. Muchos factores pueden influir la opini?n de los expertos incluyendo el prejuicio de g?nero, la sobreidentificaci?n con el ni?o, la ingenuidad acerca de la veracidad de las diferentes partes involucradas y creencias err?neas acerca de la naturaleza cient?fica de los marcos y tests de diagn?stico. Sorprendente en ese sentido es mi propia experiencia de haber sido acusada en ?mbitos legales de "prejuicios feministas" por personas que obviamente pensaron que no pod?a existir la posibilidad de otra suerte de prejuicio.

Los que trabajamos en el medio judicial sabemos que, en algunas batallas por la tenencia, un progenitor intenta predisponer al ni?o contra el otro progenitor. El ni?o deviene un objeto en la pelea. Tal conducta es altamente perjudicial para el ni?o. Las batallas por la tenencia algunas veces hacen emerger lo peor de la gente. Como se?ala S. Hewitt5: "En los casos en los que hay una animosidad entre progenitores que est?n en proceso de divorcio y cuando emergen denuncias de abuso, la tensi?n entre los padres puede ser intensa. El progenitor que tiene la tenencia del ni?o puede devenir muy resistente a cualquier forma de contacto entre el ni?o y el/la ex c?nyuge. Sus acciones pueden emanar del conocimiento ?ntimo del supuesto perpetrador y el miedo de sus acciones, especialmente si ha habido una historia de violencia dom?stica o de abuso de drogas. Estas acciones pueden ser tambi?n alimentadas por miedos provenientes de historias personales irresueltas de abuso, intensa aversi?n o enojo hacia el/la ex c?nyuge, o de un interrogatorio impropio que ha resultado en denuncias que no pueden ser sustanciadas. A pesar de atravesar la investigaci?n, el progenitor que detenta la tenencia puede todav?a mantener una creencia inamovible de que el abuso ha ocurrido".

Ya se?al? con anterioridad6 que, en mi experiencia, "en disputas por r?gimen de visitas y/o por la custodia, puede observarse a ni?os y hasta adolescentes que expresan marcado rechazo a relacionarse con uno de los progenitores. Con demasiada frecuencia, suele argumentarse que es por simple inducci?n de uno de los padres. Creo fundamental enfatizar que el hecho de que los ni?os sean influenciados por los adultos que los cuidan no los convierte en ventr?locuos. Una cuesti?n es decir que los ni?os aprenden la lengua materna y muy otra es afirmar que el ni?o es un mero objeto repetidor de las expresiones parentales. (?) Casos particularmente problem?ticos para los operadores judiciales son aquellos en que los ni?os presentan rechazo o temor aparentemente 'inexplicables' hacia uno de los progenitores. Frente a lo desconocido o lo ignorado surgen los mitos y prejuicios. Especialmente si el padre es de nivel sociocultural medio o alto, o los padres est?n atravesando un divorcio conflictivo, o hay incesto, abuso emocional o abandono. Como dijera m?s arriba, el mito del padre inductor es la explicaci?n m?s corriente cuando hay denuncias de incesto, abandono o abuso emocional infantil no comprobadas judicialmente. Aqu? suelen ser catalogadas de 'falsas denuncias', sin discriminarse denuncias falsas 'intencionales' (invento) de aquellas denuncias infundadas o no sustanciadas (el nivel de evidencia no alcanz? para llevarlas a juicio)".

Mi experiencia personal al evaluar sospechas de A.S.I. por orden judicial en el Cuerpo M?dico Forense mediante el examen psiqui?trico -que incluye la entrevista investigativa forense- proveen los siguientes datos estad?sticos en una muestra de 315 casos de ni?os y ni?as entre 2 y 18 a?os de edad, entre 1994 y 2000.

Presuntas v?ctimas

Casos Proporci?n
Ni?as 231 73%
Ni?os 84 27%

Presuntos perpetradores

Casos Proporci?n
Padres 144 45,7%
Padrastros 48 15,2%
Otros familiares 29 9,2%
Conocidos 86 27,3%
Desconocidos 8 0,25%

Seg?n evaluaci?n psiqui?trica forense

Casos Proporci?n
Sustanciados/fundados 164 52%
No sustanciados/infundados 137 43,5%
Falsas denuncias 12 3,8%

Padres en general

Casos Proporci?n
Sustanciados 55 38,2%
No sustanciados 83 57,6%
Falsas denuncias 6 11%

Padres en divorcios "contradictorios"

Casos Proporci?n
Sustanciados 2 12,5%
No sustanciados 13 81,25%
Falsas denuncias 1 6,25%

Estos datos revelan una tasa de sustanciaci?n general del 52%, lo que es congruente con estad?sticas similares a nivel internacional y dista mucho del 100% de validaci?n aludido por los cultores del backlash. Esta tasa de casos sustanciados desciende en los casos de supuesto abuso sexual incestuoso por parte del padre biol?gico (38,2%) y finalmente, dentro de los pocos casos evaluados en el contexto de divorcios "contradictorios" (5% del total de la muestra), la tasa de sustanciaci?n baja a?n m?s (12,5%).

Muchos casos de A.S.I. son ambiguos y no siempre es posible arribar a una conclusi?n certera. Pero realmente no es ?tico ni necesaria una etiqueta seudocient?fica -el "s?ndrome de alienaci?n parental"- para ayudarnos a entender que est? pasando en el juzgado de familia.

Para los profesionales que trabajan en A.S.I. las preguntas son diversas: ?Cu?n diseminado est?n el incesto y el abuso sexual infantil? ?Cu?n comunes son las falsas denuncias de incesto y A.S.I. por parte de los ni?os? ?Con qu? frecuencia llegan los ni?os a la instancia judicial? ?Qu? proporci?n de los casos denunciados son falsos? Para los que trabajamos en este campo tales preguntas son dif?ciles de responder. Los datos relevantes que asesoran esta cuesti?n son frecuentemente sumamente dif?ciles de interpretar. Estos datos pueden representar sobreestimaciones o subestimaciones, dependiendo de un n?mero de factores. De hecho, puede en ?ltima instancia ser imposible la obtenci?n de respuestas precisas a estas cuestiones. Sin embargo, los datos disponibles son importantes porque nos permiten encuadrar los l?mites superiores e inferiores del problema as? como las cuestiones que deben ser consideradas al interpretar los datos emp?ricos.

?Cu?n com?n es el abuso sexual infantil? Las estad?sticas que reflejan el abuso sexual infantil son motivo de una gran preocupaci?n social en el mundo. Habitualmente provienen de dos grandes fuentes. Una est? basada en un total anual de denuncias de abuso sexual para un a?o particular; la otra fuente de estad?sticas est? basada en los informes de los adultos acerca de eventos abusivos que padecieron una o m?s veces durante toda su infancia. La primera fuente provee estimaciones acerca de la incidencia del incesto y abuso sexual (Incidencia: n?mero de casos nuevos reportados en un per?odo de tiempo espec?fico) mientras que la segunda fuente provee estimaciones acerca de la prevalencia del incesto y abuso sexual infantil (Prevalencia: n?mero de casos acumulados a trav?s de todos los per?odos de tiempo).

En la Argentina carecemos a la fecha de registros estad?sticos oficiales. En 1992 en los Estados Unidos de Am?rica7, hubo 2.900.000 casos de maltrato infantil (menores de 18 a?os), de los cuales aproximadamente 500.000 eran de abuso sexual. De ?stos 128.556 (25,7%) fueron evaluados como "sustanciados" o "indicativos". En esta estad?stica del a?o 1992, con una estimaci?n de 66 millones de estadounidenses menores de 18 a?os, aproximadamente un ni?o de cada 435 es la v?ctima en una denuncia sustanciada o indicativa de abuso sexual en un a?o determinado. Esto se traslada a una incidencia de abuso sexual infantil al 0,23% en el per?odo de un a?o o 2,3 de cada 1000 ni?os (49% negligencia, 23% abuso f?sico, 14% abuso sexual, 5% abuso emocional). Como esta estimaci?n de la incidencia de A.S.I. del 0,23% est? basada en casos "sustanciados" o "indicativos" de denuncias de abuso infantil, podr?a representar una subestimaci?n o sobreestimaci?n de el n?mero actual de casos. Para determinar cu?l es de estas dos posibilidades puede darse, es necesario considerar la significaci?n de los t?rminos sustanciado o indicativo. Los casos son clasificados como sustanciados o indicativos sobre la base de la consistencia de la evidencia encontrada en la investigaci?n con la denuncia de abuso. Frecuentemente, esto depende del criterio del que lleva el caso. La mayor?a de los estados en Estados Unidos utiliza un sistema de dos gradaciones para clasificar casos, por un lado sustanciado/fundado y por el otro insustanciado/infundado.

Los casos insustanciados/infundados incluyen aquellos donde la evidencia es insuficiente para clasificar el caso en la categor?a positiva; sin embargo, estos casos no necesariamente reflejan "denuncias falsas" porque muchas de ellas pueden incluir reclamos v?lidos de abuso que simplemente no alcanzan el nivel de evidencia requerido para seguir una investigaci?n o para presentar el caso en la corte.

Esto ocurre porque las denuncias de Incesto y Abuso Sexual Infantil son particularmente dif?ciles de adjudicar: la naturaleza del hecho lo convierte en un evento privado, raramente hay testigos m?s all? del acusado y de la ni?a o ni?o, frecuentemente involucra a ni?os peque?os, con habilidades verbales y cognitivas limitadas, no suele haber lesiones f?sicas -o si las hay no suelen identificar al perpetrador- y no hay un conjunto de criterios diagn?sticos y/o alg?n s?ndrome de A.S.I. un?voco y formalmente reconocido. Tampoco hay un perfil psiqui?trico o tests psicol?gicos que permitan identificar al abusador sexual de ni?os o excluirlo con certeza de dicha categor?a.

Mark D. Everson y Barbara Boat8 refieren al respecto: "La evidencia f?sica se halla solamente en el 15% de los casos confirmados (Kearns, 1981), y raramente identifica al perpetrador espec?fico. Por eso, a menos que se obtenga la confesi?n, la determinaci?n de c?mo sucedi? y qui?n fue reside en gran medida, de la palabra del ni?o. La sustanciaci?n del alegato de abuso t?picamente depende del juicio del evaluador acerca de la validez y confiabilidad de las declaraciones del ni?o".

Unos pocos estados de Estados Unidos usan un sistema de tres gradaciones para clasificar las investigaciones entre sustanciados, insustanciados, e "Indicativos", que es el t?rmino que se aplica a los casos en que la agencia que hace la investigaci?n tiene "raz?n para sospechar" que el abuso ha ocurrido pero el nivel de la evidencia no alcanza el nivel requerido para la designaci?n de "sustanciado". Por estas razones es importante no usar los t?rminos sustanciado, indicativo y validado de manera intercambiable. La certeza de las tasas de incidencia de los casos sustanciados ha sido cuestionada por un n?mero de comentadores. Por un lado, argumentan que los requerimientos para sustanciar un caso son escasos y por otro porque se sabe que muchos casos no son denunciados.

La segunda t?cnica usada para estimar el n?mero de ni?os sexualmente abusados es a trav?s de encuestas a adultos acerca de sus historias de abuso sexual en la infancia. En el a?o 1992, Salter present? un sumario de encuestas desarrolladas durante los a?os ?80 en los Estados Unidos: 20% de las mujeres y 8% de los varones reportaron incidentes de abuso sexual antes de los 16 a?os de edad. Esto lleva a pensar que en la tasa de incidencia anual, es decir de casos nuevos reportados anualmente hay una gran cantidad de casos no reportados.

Algunas imprecisiones sobre la denominaci?n de "Falsas denuncias"

La revisi?n de la literatura revela gran confusi?n en las definiciones. Algunos autores no distinguen entre denuncias insustanciadas y denuncias falsas. Como se?alara m?s arriba, las denuncias pueden ser divididas en tres tipos a los cuales se le han dado una variedad de nombres:

  • sustanciado / fundado / verdadero / confirmado / probado
  • insustanciado / infundado / no probado / insuficiente informaci?n
  • falso / ficticio / err?neo

La denuncia falsa tambi?n puede ser considerada como una queja que se juzga como no ocurrida. Numerosas condiciones, sin embargo, pueden llevar a una falsa queja de abuso sexual. Estas condiciones incluyen: falta de conocimiento de la sexualidad normal; en ni?os peque?os la inmadurez social y limitaci?n de sus habilidades comunicacionales; la confusi?n respecto de la ansiedad de separaci?n en ni?os peque?os; un ni?o muy ansioso con un padre ansioso; una percepci?n err?nea, por ejemplo, de situaciones "fronterizas" tales como: dormir o ba?arse con el ni?o; presencia de otros tipos de violencia familiar; el abuso atribuido a la persona err?nea; el ni?o que miente por ejemplo para encontrar un destino alternativo; psicopatolog?a en el ni?o o en el padre; el adiestramiento por uno de los padres; t?cnicas de entrevista coercitivas y dirigidas; entrevistas excesivas; y la documentaci?n pobre.

Sumados a las dificultades con las definiciones hay alguna confusi?n sem?ntica acerca de la palabra "falso" que puede ser tomada para significar tanto mendaz, enga?oso as? como err?neo o equivocado. Por ello, el n?mero de denuncias falsas a veces es err?neamente confundido con el numero de denuncias no sustanciadas o infundadas. Eventualmente algunas de estas denuncias podr?n ser validadas con el seguimiento del caso. Por lo tanto el n?mero de falsas denuncias es probablemente considerablemente menor que el nro de casos infundados o no sustanciados. Algunos investigadores reservan la designaci?n de "denuncias falsas" a aquellos casos donde hay intenci?n deliberada y maliciosa de producir una denuncia falsa.

En uno de los estudios m?s grandes y m?s citados, Jones y Mc.Graw8 en 1987 revisaron 576 casos de abuso sexual infantil en un a?o en Denver: 53% fueron clasificados como "indicativos", 23% fueron evaluados como "infundados" y 24% de los casos no conten?an suficiente informaci?n como para efectuar conclusiones acertadas. Estudios posteriores de los casos infundados que estos pod?an ser categorizados tanto como intentos maliciosos/deliberados de realizar una falsa acusaci?n (6% de todos los casos) o denuncias hechas de buena fe pero que fueron evaluadas como equivocadas (17% de todos los casos). Sobre la base de estos datos, algunos investigadores han concluido que s?lo una peque?a proporci?n de las denuncias son falsas (alrededor del 6%). Sin embargo debemos tener en cuenta que el porcentaje de falsas denuncias es del 23%, 6% son mentiras deliberadas, pero el otro 17% son tan infundadas como las mentiras, a?n cuando pueden ser errores honestos y pueden hacer mucho da?o. Otros estudios brindaron tasas m?s bajas para falsas denuncias. Everson y Boat (1989) estimaron que las falsas denuncias fueron m?s probables que ocurrieran cuando las denuncias proven?an de adolescentes (8% fueron juzgadas como falsas) que cuando proven?an de ni?os menores de 6 a?os de edad (solo 2% de las denuncias fueron evaluadas como falsas). En este estudio8, probablemente las falsas denuncias hayan sido definidas como aquellas en donde se miente deliberada e intencionalmente.

Algunos investigadores como Stephen Ceci y Maggie Bruck, refieren "las falsas denuncias deber?an abarcar tambi?n aquellos casos en los que el relato de los ni?os refleja la influencia de las sugerencias del entrevistador adulto (incluyendo sus padres). Algunas veces, como resultado del interrogatorio persistente y sugestivo, los reportes de los ni?os pueden ser falsos, aunque todav?a no hay estudios acerca de la frecuencia de este fen?meno. Habiendo dicho esto, es importante destacar que no se descarte de manera autom?tica aquellas denuncias que emergen durante las batallas por la custodia o durante los divorcios contradictorios. Los datos provistos por los estudios mencionados previamente indican que por lo menos el 50% de las denuncias son v?lidas9".

Seg?n diversos estudios, la casi totalidad de las denuncias infundadas o falsas suelen ser hechas por adultos, no por los ni?os. La validez de los relatos de ni?os, especialmente de aquellos de edad preescolar, suele ser considerada dudosa o falsa cuando el relato de abuso no cuenta con suficientes detalles o porque el ni?o no pudo testificar competentemente en el juicio oral. Las tasas de denuncias falsas en diferentes estudios oscila desde el 2 al 8% de todos los relatos de abuso de ni?os y adolescentes. La consistencia de las tasas a trav?s de los diferentes estudios es remarcable en el trabajo Everson y Boat (1989), especialmente dados los diversos ejemplos, la amplia variaci?n en los procesos de evaluaci?n, y el bagaje profesional diverso de los evaluadores8.

Los psiquiatras de ni?os en el contexto forense frecuentemente somos convocados para ayudar a determinar si ocurri? abuso. Un importante aspecto de tanto la evaluaci?n cl?nica como forense es el asesoramiento de la credibilidad del ni?o. La credibilidad se refiere a la veracidad y precisi?n del ni?o. La credibilidad del ni?o es finalmente determinada por el jurado o por el juez, no por el forense. Muchos autores han tratado el tema de c?mo los profesionales de la salud mental pueden asesorar acerca de la credibilidad. Por ejemplo, Benedek y Schetky (1987) listaron factores en el ni?o que pensaron aumentan la credibilidad del ni?o: el ni?o usa su propio vocabulario m?s que los t?rminos adultos y cuenta su historia desde su propio punto de vista; el ni?o revive el trauma en su juego espont?neo; temas sexuales est?n presentes en juegos y dibujos; el afecto es consonante con la acusaci?n; el comportamiento del ni?o es seductor, precoz o regresivo; hay un buen recuerdo de detalles, incluyendo detalles idiosincr?sicos y sensitivo motores; y el ni?o tiene una historia de decir la verdad.

La revisi?n de la literatura indica que los ni?os pueden hacer declaraciones falsas en evaluaciones psiqui?tricas. Algunas veces los ni?os hacen falsas denegaciones de abuso. Algunos ni?os hacen relatos falsos. La Academia Americana de Psiquiatr?a de Ni?os y Adolescentes (1990) public? lineamientos para la evaluaci?n del abuso. Los lineamientos de la Academia dicen que "la posibilidad de alegatos falsos necesitan ser considerados, particularmente si los alegatos vienen del pariente m?s que del ni?o, si el pariente est? involucrado en una disputa sobre custodia y/o visitas y/o si el ni?o es un preescolar".

Aunque los diferentes autores generalmente han sostenido que la mayor?a de los ni?os que alega abuso sexual son verdaderas, hay coincidencia en que los falsos alegatos algunas veces ocurren. Por ejemplo, la confusi?n de fantas?a con realidad, el adoctrinamiento por un padre disturbado o malintencionado, y la sugesti?n y/o a?n coerci?n por un entrevistador previo. La evaluaci?n de estos ni?os es compleja porque hay un n?mero de procesos mentales distintos, tanto concientes como inconscientes, que pueden resultar en falsos alegatos. Se han descrito varios casos de "programaci?n" de ni?os, especialmente en disputas por custodia. En algunos casos, entrevistadores ineptos, al efectuar repetidamente preguntas dirigidas o sugestivas, han inducido ni?os a hacer falsos alegatos de abuso. Tambi?n se han descrito ni?os que mienten con conocimiento acerca del abuso. Ni?os peque?os pueden contar "cuentos chinos", y estas mentiras inocentes pueden resultar en falsas denuncias de abuso. Los ni?os mayores pueden mentir acerca del abuso por venganza o por alguna ventaja personal.

Es importante se?alar que a la hora de asesorar sobre posibilidad de ocurrencia de A.S.I., ning?n elemento debe ser tomado en forma aislada, sino que debe ser considerado en el contexto global de la evaluaci?n. Como se?alara con anterioridad, muchos casos son ambiguos, especialmente si el ni?o es preescolar y hay conflicto parental.

En muchos casos de ASI deber?n ser consideradas las siguientes hip?tesis alternativas:

  • la denuncia es b?sicamente verdadera
  • la denuncia es b?sicamente verdadera, pero el ni?o ha sustituido al perpetrador por otra persona
  • la denuncia principal es verdad, pero el ni?o ha hecho agregados adicionales falsos
  • el ni?o ha sido influenciado o presionado para hacer una denuncia completamente falsa a fin de servir las necesidades de alguien
  • el ni?o ha hecho una denuncia falsa por motivos personales
  • el ni?o cree haber sido abusado, asociado a patolog?a ps?quica evidente

Al considerar un n?mero de hip?tesis, el investigador evita el problema de satisfacer expectativas propias asociadas con los investigadores. El conflicto entre los padres es habitual en los casos de A.S.I. y no deber?a cegarnos al investigar el caso en particular.

Contrariamente a la opini?n popular y profesional mayoritaria, las denuncias de abuso sexual se encuentran s?lo en el 2% de las disputas por custodia y de estas ?ltimas, del 8% al 16,5% son falsas. Mientras que las falsas denuncias surgen por una variedad de razones, la palabra "falsa" puede implicar tanto actividades err?neas como enga?osas. Esta ambig?edad, junto con prejuicios de g?nero, puede conducir al descreimiento y la inculpaci?n de las madres que denuncian abuso sexual en el contexto de una disputa acerca del r?gimen de visitas o de la custodia.

Por otra parte, la falta de confirmaci?n m?dica para abuso sexual no descarta la posibilidad de su ocurrencia y la necesidad de su investigaci?n. La evidencia f?sica se halla solamente en la minor?a de los casos confirmados y raramente identifica al perpetrador espec?fico. Por eso, a menos que se obtenga la confesi?n, la determinaci?n de c?mo sucedi? y qui?n fue reside en gran medida, de la palabra del ni?o.

Frecuentemente es preocupante, para los psiquiatras y psic?logos de ni?os involucrados en disputas por custodia que incluyen alegatos de abuso sexual contra un progenitor, la respuesta de la comunidad a estas denuncias. A pesar de las decisiones judiciales, algunos padres batallan durante a?os: uno de los padres alega que el abuso sexual est? ocurriendo mientras el otro mantiene que la acusaci?n es falsa. A?n cuando hay una preocupaci?n leg?tima, con un ni?o quej?ndose de ser abusado o exhibiendo conducta sexualizada, la Justicia, la polic?a y los servicios de salud pueden rehusarse a intervenir si el padre est? lidiando con cuestiones de custodia y/o acceso al ni?o.

Estas cuestiones han disparado un n?mero de preguntas todav?a sin respuestas ciertas o consensuadas. ?Cu?l es el rol del psiquiatra de ni?os o del psic?logo de ni?os como testigo experto o educador para otros profesionales involucrados en estos casos? ?Cu?n frecuentemente aparecen denuncias de abuso sexual en disputas por custodia o r?gimen de visitas? ?Qu? es una denuncia falsa? ?Puede determinarse de modo confiable que la denuncia es efectivamente falsa o independientemente la de la ocurrencia o no del abuso, est? siendo disimulado, ocultado o encubierto por denuncias falsas acerca de denuncias verdaderas?

Contradiciendo algunas visiones de los cl?nicos, la opini?n p?blica y las impresiones de los medios, investigaciones a gran escala proveen un cuadro diferente de los as? llamados "epid?micos". En un estudio que involucraba a 9000 familias en disputa por custodia y r?gimen de visitas, Thoennes y Tjaden demostraron que menos del 2% de los casos involucraron alegatos de abuso sexual. Estos hallazgos fueron duplicados por Mc Intosh y Prinz que encontraron alegatos de abuso sexual solo en el 2% de 603 casos de tribunales de familia donde se disputaba la custodia y el r?gimen de visitas.

?Cu?ndo somos preguntados para asesorar alegatos de abuso sexual infantil, en el contexto de una disputa por custodia, puede prepararse un informe objetivo y ?til? Pueden existir muchos obst?culos tales como la extensi?n del tiempo transcurrido desde el abuso, la falta de evidencia f?sica, asesoramientos previos cubriendo la misma ?rea, la relaci?n vincular del ni?o con el presunto abusador, la poco confiable naturaleza de los relatos contradictorios de los padres, la parcialidad del abogado de parte al presentar los hechos, y un develamiento ambiguo por parte del ni?o. Varios lineamientos para el asesoramiento son presentados en la literatura que van desde un proceso de acercamiento cuasi terap?utico a trav?s de un asesoramiento limitado en el tiempo que envuelve varias entrevistas con el ni?o a una entrevista investigativa ?nica.

Todav?a no se ha logrado el consenso cient?fico para ayudarnos con estas excesivas dificultades y desafiantes situaciones. Sin embargo con un enfoque esmerado y concienzudo, nosotros debemos tratar de evitar prejuicios y resistir el identificarnos con una parte o con la otra. Nuestra objetividad ser? analizada y nosotros podemos sentirnos golpeados por las demandas polarizadas de las partes involucradas. Quiz?s el principio m?s crucial es mantener una mente abierta y humilde acerca de cu?nto no sabemos, m?s que una confianza r?gida.

Las siguientes sugerencias pueden ayudar al psiquiatra que trabaja en este campo :

  • el testigo experto deber?a ser capaz de asistir al tribunal con datos observacionales y con informaci?n acerca de las normas del normal desarrollo, indicaciones acerca de que el ni?o ha sido abusado sexualmente, efectos del divorcio en los ni?os, y otra informaci?n relevante referida a la salud mental
  • Es preferible informar al tribunal, m?s que el ser empleado por un lado o por el otro, desde que esto puede facilitar el acceso a los diferentes individuos involucrados y a la informaci?n que ellos pueden brindar para preparar un informe extenso
  • El proceso de asesoramiento puede en ocasiones puede permitir la oportunidad de reabrir las negociaciones entre los padres donde el foco puede ser el mejor inter?s del ni?o
  • Una conciencia del prejuicio de g?nero y como puede influir en la din?mica del tribunal de familia
  • Un reconocimiento del efecto posible en el desarrollo del caso por "un campo de juego desigual" creado por un status diferente, credibilidad y recursos financieros de las partes
  • La participaci?n en la educaci?n de otros profesionales que trabajan en este campo puede ser productiva

Consideraciones finales

La literatura del backlash contiene numerosos art?culos que exageran las faltas del sistema de protecci?n infantil y minan los esfuerzos por proteger a los ni?os. Es necesario un trabajo m?s efectivo para responder a la literatura del backlash y para llamar la atenci?n del p?blico sobre las muchas faltas de la literatura del backlash. Estas faltas incluyen:

  • falta de objetividad
  • Dependencia en "expertos" no confiables o tendenciosos
  • El uso cuestionable de las estad?sticas

Para contrarrestar la literatura del backlash, los profesionales, especialmente los acad?micos, deber?an brindar m?s energ?a a escribir una serie de breves respuestas a las cr?ticas m?s comunes surgidas contra la protecci?n infantil. Estas respuestas deber?an ser adaptadas para los medios de comunicaci?n. Las cuestiones prevalentes a tratar pueden ser:

  • prevalencia del abuso sexual
  • qu? sucede cuando se hace una denuncia de abuso
  • cuestiones relativas a denuncias de abuso sexual infantil que emergen en divorcios o disputas por r?gimen de visitas, incluyendo informaci?n acerca de falsas denuncias
  • qu? sabemos acerca de los ni?os como testigos, especialmente la sugestibilidad de los ni?os peque?os

El desaf?o del ?rea de abuso sexual en alegatos por custodia todav?a carece de lineamientos claros llevando a muchas trampas para los cl?nicos involucrados. Algunas creencias y concepciones err?neas pueden confundir al testigo experto. Los alegatos de abuso sexual marcan escasas disputas por custodia y de ?stas el n?mero de alegatos de denuncias falsas es peque?o a pesar de que inicialmente se consideraba un gran problema. Aunque el t?rmino "falso" puede definir enga?oso y mentiroso, en el contexto legal, "falso" o "ficticio" significa err?neo puede haber muchas razones diferentes para eso. Un rol constructivo para el evaluador incluye un enfoque completo y objetivo al brindar asesoramiento y una provisi?n de informaci?n y educaci?n hacia otros profesionales.

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